Proteja a sus hijos, invocando la gracia del Niño Jesús

julio 7, 2010

El Niñito Dios ha sido reconocido mundialmente como protector de la infancia. Invoque su ayuda para resguardar a los más pequeños de la familia.

Entre los católicos, la devoción por Jesucristo se expresa generalmente en imágenes que lo muestran adulto. Son pocas las representaciones de un Niño Jesús como figura aislada. Sin embargo, desde hace más de trescientos años, la devoción al Niño Jesús se ha extendido por todo el mundo.

Miles de fieles comprobaron la eficacia de sus ruegos cuando piden a Dios por los méritos de la infancia de Jesús. Existen en el mundo algunas imágenes representando al Niño Jesús mediante las cuales se han obtenido grandes milagros.

Entre las más conocidas están: El Niño Jesús de Praga, en Checoslovaquia; el Santo Niño de Atocha, en México; el Divino Niño de Arenzano, en Italia y el milagroso Niño Jesús de Bogotá en Colombia, entre otros. Invóquelo para proteger a sus hijos y resguárdelos de todo mal.

EL PROTECTOR DE LA INFANCIA

Quienes se preocupan por rezar a favor de un pequeño, teniendo por mediador a Jesús bajo la advocación del niño que alguna vez fue, son personas de bien. Es por eso que Dios no puede negarse a otorgar el milagro solicitado. Muchos hogares de huérfanos llevan por nombre Divino

Niño Jesús. No es casualidad. Desde hace siglos, se sabe que él es quien más cerca está de los pequeños y el que vela siempre por ellos. Las devociones al Divino Niño tienen por objeto solicitarle ayuda y protección para los pequeños, ya sea porque padecen alguna enfermedad, porque corren determinados riesgos o, simplemente, como prevención para que con su Divino Manto los proteja de todo mal.

El Niño Jesús de Colombia

En el año 1907, surgió en Bogotá (Colombia), la devoción al Niño Jesús en el convento de las carmelitas. Muy pronto se propagó debido a los numerosos milagros concedidos, especialmente, la sanación de niños. Un ejemplo: una niña padecía de reumatismo y sufría dolores tremendos.

Su padre, angustiado al verla sufrir, le acercó una imagen del divino Niño y le dijo: “Hija, Nuestro Señor hizo la promesa de que, si le pedimos por los méritos de su infancia, nuestra oración será escuchada”. La niña besó la imagen y una hora después estaba completamente curada.

El padre salesiano Juan del Rizzo también instauró la devoción del Niño Jesús en Colombia, pregonando los prodigios que Jesús otorga a quienes honran su santa infancia. Los milagros se multiplicaron: curaciones, empleos, reconciliación de familias, protección de negocios, pero, sobre todo, muchos milagros para los niños.

La imagen de Jesús de Nazaret muestra a un niño pequeño de túnica rosa y brazos abiertos hacia el cielo, con la insignia “Yo reinaré” debajo de sus pies descalzos.

La devoción al Niño Jesús de Praga

Fernando II, Emperador de Alemania, fundó en 1620, en la ciudad de Praga, un convento de Padres Carmelitas. En esa época, vivía en Praga la princesa Polixena Lobkowitz quien, al enterarse de las apremiantes necesidades de los Carmelitas, resolvió entregarles una estatua que representaba al Niño Dios. Al darles la estatua, les dijo: “Honrad mucho a este Niño Jesús y nada os faltará.”

La promesa de la donante se cumplió y los maravillosos efectos de la protección del Divino Niño no tardaron en manifestarse en forma de milagros. En 1631 los herejes destruyeron la iglesia, saquearon el monasterio y la devoción quedó en el olvido. Siete años después, el Padre Cirilo logró rescatar la imagen.

Un día oraba delante de la estatua, cuando oyó estas palabras: “Tened piedad de mí y yo me apiadaré de vosotros. Devolvedme mis manos y yo os devolveré la paz. Cuanto más me honrareis, tanto más os bendeciré”.

En efecto, a la estatua le faltaban las manos. Luego de innumerables penurias, logró ponerle las manos y exponerlo a la veneración de todos. Desde entonces, el milagroso Niño multiplicó sus gracias al punto que llegaban de todas partes para solicitarle más milagros.

EL SANTO NIÑO DE ATOCHA

La devoción al Santo Niño, surgió en Atocha, un suburbio de Madrid (España), durante la invasión de los moros. Muchos hombres estaban presos por ser católicos. Como los carceleros no alimentaban a los prisioneros, el Califa ordenó que sólo los niños menores de doce años lleven comida a los presos. Al poco tiempo, los niños volvieron a sus hogares con una historia extraña. Un joven niño visitaba y alimentaba a los prisioneros que no tenían hijos. Aquellos que habían pedido un milagro a la Virgen de Atocha (que tenía al niño con ella) comenzaron a sospechar un milagro.

Lo confirmaron al ver que los zapatos de la estatua del Niño Jesús estaban gastados. Cuando los reemplazaron por unos más nuevos, ésos también volvieron a gastarse.

Luego de que Fernando e Isabel expulsaron a los moros de España, la gente continuó invocando la ayuda de Nuestra Señora de Atocha y su Santo Niño. Con la llegada de los españoles al Nuevo Mundo, el Niño de Atocha se afincó en México, donde continúa haciendo milagros cotidianamente.

¿CÓMO REZARLE AL NIÑO DIOS?

Millones de creyentes han hecho la experiencia de pedir favores a Dios por los méritos de la infancia de Jesús y han conseguido maravillas.

Y nosotros vamos a hacer lo mismo, ya que, en el año 1636, Nuestro Señor le hizo a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento la siguiente promesa, que nunca hemos de olvidar:“Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y tu oración será escuchada”.

Proceda así:

■ Coloque una imagen del Niño Jesús en un altar y encienda una vela blanca.

■ Háblele sinceramente, de corazón a corazón, contándole su problema o realizando un pedido; prométale difundir su devoción y ayudar a otros.

■ A continuación, rece el Rosario al Divino Niño Jesús recordando sus doce primeros años de vida:

1. La encarnación del Niño Jesús: El Ángel del Señor anuncia a María su maternidad.

2. La visita de María a su prima Isabel: Juan el Bautista saltó de gozo en el vientre de Isabel.

3. Nacimiento: En Belén de Judea, en un humilde pesebre.

4. La presentación en el templo: El anciano Simeón reconoce al Mesías.

5. Pérdida y hallazgo del Niño: Jesús es encontrado en el templo.

■ Luego de cada misterio, diga: “Divino Niño Jesús, en vos confío”.

Una tradición muy antigua

En algunos lugares de España y de Latinoamérica, quien trae los juguetes a los niños durante la Navidad y el Año Nuevo, no son ni Papá Noel ni los tres Reyes Magos, como en los demás sitios, sino el mismísimo Niño Dios.

Esta antigua costumbre católica se practica todavía hoy en muchos lugares, a pesar de la extensión y el alcance mediático y publicitario de la figura de Santa Claus, como imagen dominante dentro de la cultura occidental. Por lo general, la venida del Niñito Dios con juguetes y golosinas se realiza en esos lugares el 25 de diciembre, día en que se celebra su nacimiento.

Consagración del hogar

Ubique en lugar preferencial una estatuilla del Divino Niño Jesús y encienda una vela blanca (de la mejor calidad posible). Tómela en su mano derecha y recite lo siguiente:

“Divino Niño Jesús, que bendices y proteges las casas donde está expuesta y es honrada tu Sagrada Imagen: Te elegimos hoy y para siempre por Señor y Dueño de nuestra casa, y te pedimos que te dignes demostrar en ella tu poderoso auxilio, preservándola de las enfermedades, de las calamidades, de los ladrones y de las discordias. Bendice y protege a las personas que aquí habitan y concédeles la paz. Amén”.

Cierre los ojos y eleve un padrenuestro, concentrado en que el pedido que ha solicitado se cumplirá.

Santos devotos del Niño Jesús

San Francisco de Asís: era muy devoto del Niño Dios, al punto que fue el creador de la tradición de hacer un pesebre para celebrar Nochebuena. Fue en el año 1223, en la villa italiana de Greccio. En agradecimiento, el niño se les apareció.

San Antonio de Padua: fue un devoto tan entusiasta del Niño Jesús, que según las imágenes que se conservan, también mereció que el Divino Niño se presentara delante suyo.

San Cayetano: lleva en sus brazos al Niño Jesús. Se supone que es porque, cuando necesitaba un milagro, lo pedía por los méritos de la infancia de Jesús de Nazaret.

Santa Teresa y San Juan de la Cruz: fueron dos santos que contribuyeron muchísimo a difundir la devoción al Niño de Belén.